Energía

China envía 2.000 trabajadores para construir una planta de baterías en Zaragoza

  • septiembre 29, 2025
  • 11 min read
China envía 2.000 trabajadores para construir una planta de baterías en Zaragoza

Las marcas chinas ya venden más coches que Renault, Audi y Peugeot en Europa La importación masiva de mano de obra a España pone de relieve la dependencia de la Unión Europea de la tecnología de vehículos eléctricos de Pekín.

China está consolidando la dependencia europea de su tecnología enviando a miles de trabajadores para construir fábricas de baterías de automóviles de última generación que el continente necesita para impulsar su industria automovilística.

Este movimiento de mano de obra a gran escala, que recuerda al envío de trabajadores chinos para construir infraestructuras en África, pone de relieve las grandes carencias que tiene Europa en competencias y conocimientos técnicos sobre baterías para vehículos eléctricos.

El ejemplo más claro es el salvavidas de la china CATL, uno de los fabricantes de baterías más avanzados del mundo, que tiene previsto enviar a 2.000 trabajadores para construir y equipar una gigaplanta de baterías con una inversión de más de 4.000 millones de euros en España en una joint venture con Stellantis.

La fábrica se ajusta a la estrategia del presidente chino Xi Jinping de fomentar la dependencia extranjera de la fabricación de alta gama de China que Pekín considera un polo de influencia estratégica en una era de turbulencias geopolíticas. La operación también ha suscitado dudas sobre la voluntad de CATL de compartir sus secretos industriales en beneficio de la población y las empresas locales, así como sobre la futura vulnerabilidad de Europa frente a China.

Las empresas chinas han llevado a África decenas de miles de trabajadores chinos durante las dos décadas que lleva construyendo presas, ferrocarriles y puertos en todo el continente africano, pero también han aprendido que si desean establecer lazos basados en la buena voluntad, también necesitan crear y fomentar el empleo local.

CATL asegura que se compromete a contratar y formar a trabajadores locales para gestionar la fábrica española una vez construida, tal y como hizo en una planta de baterías en Alemania que comenzó a producir en 2022. También está construyendo una fábrica más grande en Hungría por valor de de 7.000 millones de euros que también cuenta con un número indeterminado de trabajadores especializados procedentes del extranjero.

Joris Teer, analista de seguridad económica del Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea, asegura que las empresas chinas protegen muy celosamente su propiedad intelectual, en parte para que la economía del país pueda mantenerse a flote incluso en «coyunturas geopolíticas extremas», como una guerra por Taiwán.

«Xi pretende transformar China en una fortaleza autosuficiente al mismo tiempo que aumenta la dependencia del resto del mundo de la industria manufacturera china», afirma Teer. «Las empresas chinas, incluidos los fabricantes de baterías, tienen un gran incentivo para no exportar sus tecnologías más preciadas al extranjero».

CATL se incluyó en enero en la lista negra del Pentágono de empresas que se cree que tienen vínculos con el ejército chino, aunque la empresa ha negado tales vínculos. Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, advirtió al Gobierno español a principios de este año que alinearse más estrechamente con China «sería como cortarse el cuello».

No obstante, el proyecto de la gigafactoría de baterías cerca de Zaragoza, capital de Aragón, está consolidando la posición de España como uno de los más fieles aliados de China en Europa Occidental.

Para construir la planta, CATL ha comunicado a las autoridades locales que traerá a un total de 2.000 de sus propios trabajadores en régimen de rotación, una cifra sin precedentes entre los proyectos industriales chinos en las mayores economías europeas.


Se construirá en un terreno baldío propiedad de Stellantis junto a una de las fábricas de automóviles del grupo euroamericano, una antigua instalación fundada por General Motors en la década de 1980. En la actualidad, la fábrica, situada en el municipio de Figueruelas, produce coches de las marcas Opel, Peugeot y Lancia.

«No creo que los chinos quieran compartir sus conocimientos con nosotros», afirma José Juan Arceiz, empleado de Stellantis y secretario del comité de empresa europeo de la compañía. «Esa es una de las razones por las que van a traer a 2.000 trabajadores para trabajar en la construcción y la instalación fabril».

Arceiz, también es secretario general del sindicato UGT en Aragón, acogió con satisfacción las previsiones de CATL de emplear a 3.000 trabajadores, en su mayoría españoles, para gestionar la fábrica una vez construida. «Pero no creo que quieran darnos los conocimientos necesarios para montar una fábrica de baterías», señala.

Vista de la planta de Stellantis en Zaragoza, en Figueruelas (Zaragoza).
Vista de la planta de Stellantis en Zaragoza, en Figueruelas (Zaragoza).JAVIER BELVEREFE

CATL no ha detallado cuántos trabajadores chinos participarán en la construcción básica o la instalación de equipos de fabricación, lo que está directamente relacionado con su ingeniería química y diseños patentados de la tecnología de celdas de batería.


En Pedrola, un municipio limítrofe con la fábrica, los responsables de CATL han estado buscando terrenos adicionales para dedicarlos a instalaciones industriales y alojamientos para los trabajadores: Manuela Berges, alcaldesa de la localidad, pone de relieve la reticencia de los chinos a compartir información: «Están obsesionados con la amenaza del espionaje industrial«.

El colapso de la compañía sueca Northvolt en marzo de 2025 privó a Europa del fabricante de baterías que en su día se consideró su mejor baza para competir en un sector dominado por China.

Otro grupo chino, AESC Envision, tiene previsto construir una fábrica de baterías en el oeste de España. Volkswagen, que se ha asociado con la china Gotion, está construyendo fábricas en Alemania y Valencia, España.


Stellantis recibirá 298 millones de euros de los fondos NextGeneration de la UE para su proyecto conjunto con CATL, que cuenta con el respaldo de los dos principales partidos políticos españoles.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de izquierdas, ha dado la bienvenida a China como socio comercial e inversor y ha visitado a Xi tres veces en los últimos dos años y medio. El Partido Popular (PP), conservador, que se opone a Sánchez en la mayoría de los demás temas, también defiende la planta de baterías.

Mar Vaquero, vicepresidenta del Gobierno de Aragón, liderado por el PP, afirma: «Las relaciones entre España y China son muy importantes para estos proyectos y tenemos que normalizar el hecho de que China es un país con un alto nivel de innovación y tecnología que se va a establecer en otros países».

El partido de extrema derecha Vox ha acusado a los socialistas de Sánchez y al PP de asumir un «enorme riesgo» al aceptar el proyecto. «No vamos a sacar prácticamente nada de ello», asegura Alejandro Nolasco, líder de Vox en el Parlamento regional. «Se llevarán la tecnología y el dinero».

Otros defienden que la industria automovilística española no tiene más remedio que recurrir a la tecnología china para evitar la obsolescencia.


«Habíamos alcanzado una posición de liderazgo», afirma Benito Tesier, presidente del Clúster de Automoción y Movilidad de Aragón (CAAR), la asociación de fabricantes del sector automovilístico de Aragón, «pero las reglas del juego han cambiado y ahora tenemos que reinventarnos».

Un funcionario del Gobierno español apunta que «en lo que respecta a las baterías para vehículos eléctricos, China es el líder. Queremos que inviertan aquí y crear alianzas estratégicas con ellos».

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el pasado 9 de diciembre de 2024 durante un encuentro en Moncloa con el consejero delegado de  Catl, Robin Zen Yuqun.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el pasado 9 de diciembre de 2024 durante un encuentro en Moncloa con el consejero delegado de Catl, Robin Zen Yuqun.Borja Puig de la BellacasaEFE/Pool Moncloa

Al producir baterías en la zona, prosigue Vaquero, CATL disiparía las dudas sobre la viabilidad de la fábrica de Stellantis, el corazón de una industria construida en torno al motor de combustión interna que da empleo a 35.000 personas en la región. «Garantiza el futuro y afianza el sector automovilístico en Aragón», sostiene.

CATL y Stellantis anunciaron a finales del año pasado una joint venture al 50% para invertir hasta 4.100 millones de euros en la gigaplanta de fabricación de baterías de fosfato de hierro y litio.


La construcción aún no ha comenzado en el emplazamiento asignado, que tiene un tamaño equivalente a casi 100 campos de fútbol, pero está previsto que la planta comience a producir a finales de 2026.

Matt Shen, director general de CATL para Europa, asegura en declaraciones a Financial Times que la empresa está dispuesta a «colaborar» con los fabricantes de baterías europeos más pequeños y menos avanzados para ayudarles a expandirse. Stellantis, por su parte, se ha negado a hacer comentarios al respecto de que CATL le haya garantizado que compartiría su tecnología.


Mientras que los fabricantes de baterías surcoreanos como LG y Samsung tienden a comprar insumos a proveedores locales en Europa, las empresas chinas suelen importarlos desde su país, según Martin Šebea, economista jefe del Instituto Centroeuropeo de Estudios Asiáticos.

Si los países intentaran imponer cuotas de abastecimiento local o de empleo a los posibles inversores chinos, explica, correrían el riesgo de ahuyentarlos. «Se necesita desarrollar un marco regulatorio europeo al respecto», subraya Šebea. «Si algo así se deja al arbitrio de cada Estado, lo que ocurrirá es que empezarán a competir entre sí«.

En décadas anteriores, cuando los fabricantes de automóviles occidentales comenzaron a invertir en China, Pekín les obligó a firmar acuerdos de transferencia de tecnología. También era habitual que las empresas enviaran a ejecutivos europeos y estadounidenses para ayudar a establecer nuevas plantas.

El envío de trabajadores chinos al África subsahariana ha sido a una escala diferente. A mediados de la década de 2010, en Angola trabajaban hasta 40.000 chinos en contratos de construcción corporativos, según datos de la Iniciativa de Investigación China-África de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins. En 2023, estas cifras habían descendido, con el mayor contingente de 5.000 personas en la República Democrática del Congo.

En España, Vaquero afirmó que algunos ejecutivos de CATL ya se han instalado en la ciudad de Zaragoza.

Shen, de CATL, se niega a especificar cuál es el número de empleados, pero apunta: «Necesitamos encontrar trabajadores solventes que conozcan el proceso y también necesitamos poder encontrar suficientes trabajadores en poco tiempo».


A medida que avanza la contratación y la formación de los empleados locales, CATL asegura que la fábrica, una vez en pleno funcionamiento, tendrá una plantilla mayoritariamente española, en la que los expatriados chinos representarían menos del 10% del total.

Luís Bertol, alcalde de Figueruelas, donde se construirá la fábrica de baterías, sostiene que «tenemos que ser prácticos y no fijarnos en el color de la inversión porque, al final, lo que necesitamos aquí es tener futuro. Quiero ser optimista y pensar que no vamos a acabar como una especie de autómatas dirigidos por el Gobierno chino».

*Información adicional de Edward White en Shanghái y Marton Dunai en Budapest.

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