Paneles solares en el espacio: ¿Ciencia ficción o solución energética?
Redaccion HumaniTIC
- septiembre 29, 2025
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Científicos de Reino Unido y China aseguran que la energía solar espacial es posible y una solución para que Europa logre su objetivo de cero emisiones en 2050. Otros expertos dudan de que eso sea realmente factible.
Con la descarbonización avanzando más lentamente de lo previsto y un calentamiento global que se acelera, la comunidad científica vuelve la mirada hacia una idea tan ambiciosa como antigua: generar energía solar en el espacio y enviarla a la Tierra. Lo que durante décadas ha sido territorio de la ciencia ficción —desde los relatos de Isaac Asimov hasta los primeros estudios teóricos de los años sesenta— empieza ahora a cuantificarse con mayor rigor. Un reciente estudio internacional concluye que la energía solar espacial podría reducir hasta un 80% la necesidad de energía eólica y solar terrestre en Europa y abaratar los costes del sistema eléctrico europeo entre un 7% y un 15% de aquí a 2050.
La investigación, publicada en la revista Joule y liderada por científicos del King’s College de Londres y de la Universidad de Xi’an Jiaotong (Suzhou, China), analiza el impacto de esta tecnología en el contexto de una red eléctrica europea compleja, interconectada y sometida a fuertes desequilibrios estacionales. Según los autores, la principal ventaja de la energía solar espacial es su carácter continuo: al operar por encima de la atmósfera y fuera del ciclo día-noche, permitiría generar electricidad de forma casi ininterrumpida, mitigando uno de los grandes problemas estructurales de las renovables terrestres, la intermitencia.
El estudio evalúa dos diseños conceptuales desarrollados por la NASA. El primero es el Innovative Heliostat Swarm, una “colmena” de heliostatos —espejos orientables— que reflejan la luz solar hacia un punto central de generación eléctrica y que podría ofrecer disponibilidad energética el 99% del tiempo. El segundo es el Mature Planar Array, una gran estructura rectangular de paneles solares planos que se orienta constantemente hacia el sol, más sencilla pero también algo menos eficiente. Tras modelizar su integración en el sistema eléctrico europeo, los investigadores concluyen que la colmena heliostática sería la opción más favorable desde el punto de vista técnico y económico.
En términos prácticos, la propuesta consiste en desplegar grandes estructuras fotovoltaicas en órbita terrestre capaces de recolectar energía solar de forma continua y transmitirla a la superficie mediante microondas o radiofrecuencia. En tierra, grandes antenas rectificadoras convertirían esa energía en electricidad utilizable por la red. De materializarse, esta infraestructura permitiría reducir la dependencia de baterías de almacenamiento y amortiguar la volatilidad de precios asociada a los picos de demanda, especialmente en invierno, hoy cubiertos en gran medida por gas natural.
Energía solar espacial, una idea antigua y bien conocida
“Alcanzar las emisiones netas cero en 2050 requerirá una transición profunda hacia las energías renovables, y esta tecnología emergente podría desempeñar un papel clave”, afirma Wei He, autor principal del estudio. “Por primera vez hemos demostrado de forma cuantitativa el impacto positivo que la energía solar espacial podría tener en Europa, tanto desde el punto de vista económico como ambiental”.
Sin embargo, el propio trabajo reconoce importantes incertidumbres. Asume que la tecnología necesaria estará disponible a mediados de siglo, pese a que se encuentra aún en fases muy tempranas de desarrollo. Tampoco aborda en detalle desafíos críticos como la construcción y ensamblaje orbital de estas gigantescas estructuras, los costes de lanzamiento, la generación de basura espacial, la congestión de las órbitas terrestres, la necesidad de nuevos marcos regulatorios internacionales o el posible impacto sobre la astronomía.
Estas lagunas son subrayadas por parte de la comunidad científica. Olga Zamora, astrónoma del Instituto de Astrofísica de Canarias, recuerda que la energía solar espacial es una “idea antigua y bien conocida”, pero históricamente descartada por su elevado coste y complejidad técnica. A su juicio, un proyecto de esta magnitud no puede evaluarse sin considerar aspectos clave como la viabilidad de la transmisión inalámbrica de energía a gran escala o las implicaciones para el entorno orbital.
En la misma línea, Pep Canadell, director ejecutivo del Global Carbon Project, reconoce que el estudio ofrece “un argumento sólido” para explorar estas tecnologías, pero advierte de que los costes siguen siendo muy teóricos y de que no existe garantía de que lleguen a ser competitivas frente a otras fuentes limpias. “Es importante invertir en innovación, pero no debemos esperar a que una tecnología futura nos resuelva los problemas energéticos actuales”, señala, defendiendo acelerar el despliegue de la solar y la eólica ya disponibles en tierra.
Pese a las dudas, las grandes agencias espaciales están dando pasos concretos. Japón prevé probar en breve la transmisión de energía solar desde el espacio; China estudia la construcción de una central fotovoltaica orbital de un kilómetro cuadrado; el Reino Unido planea lanzar una planta experimental en 2030; y la Agencia Espacial Europea debe decidir antes de final de año si impulsa un programa propio en este ámbito. Los investigadores destacan, además, que la tradición europea de cooperación multinacional en energía y espacio podría facilitar el desarrollo de una infraestructura compartida de energía solar espacial.
Convertir en realidad el sueño imaginado por Asimov hace más de 80 años no será sencillo ni inmediato. Pero, en un escenario de urgencia climática y tensiones energéticas crecientes, la idea de un enjambre de paneles solares orbitando la Tierra ha dejado de ser solo ciencia ficción para convertirse en una opción que la ciencia y la política comienzan a tomarse en serio.










