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Bruselas propone una etiqueta de la A a la G para medir el consumo de energía y agua de los centros de datos

  • septiembre 19, 2026
  • 7 min read
Bruselas propone una etiqueta de la A a la G para medir el consumo de energía y agua de los centros de datos

La clasificación, de la A a la G, se aplicará a las instalaciones con una demanda de potencia de al menos 500 kW y tendrá en cuenta también el origen de la electricidad, la flexibilidad de las redes y el aprovechamiento del calor residual.

En 2024, los centros de datos consumieron 68 teravatios-hora (TWh) de electricidad en la UE, según los datos manejados por Bruselas. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que esta demanda podría alcanzar los 114 TWh en 2030, lo que equivaldría al 3,2% del consumo eléctrico comunitario.

La Comisión Europea ha propuesto crear un sistema común de clasificación para los centros de datos de la Unión Europea (UE) que permita comparar su eficiencia energética e hídrica y su impacto sobre las redes eléctricas. La nueva etiqueta, que seguirá una escala de la A a la G, se aplicará a las instalaciones con una demanda de potencia igual o superior a 500 kilovatios (kW), mientras que los centros de menor tamaño podrán adherirse voluntariamente.

La iniciativa forma parte de un nuevo paquete de medidas de Bruselas para mejorar la sostenibilidad de estas infraestructuras en un momento de fuerte crecimiento de la demanda eléctrica, impulsado en buena medida por el despliegue de la inteligencia artificial.

La Comisión prevé que las primeras etiquetas se publiquen electrónicamente antes del 15 de agosto de 2027 y tengan una vigencia anual. El sistema deberá ser revisado por primera vez a finales de 2028.

“Triplicar la capacidad de nuestros centros de datos no puede significar triplicar la presión sobre nuestras redes eléctricas, nuestro suministro de agua y nuestras facturas de energía”, ha señalado la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea para una Transición Limpia, Justa y Competitiva, Teresa Ribera. “Esto comienza con la transparencia”, ha añadido.

Dos escalas: eficiencia energética y consumo de agua

La futura etiqueta incorporará dos clasificaciones independientes. La primera medirá la efectividad del uso de la energía (PUE, por sus siglas en inglés), un indicador que relaciona el consumo eléctrico total de un centro de datos con la energía utilizada directamente por sus equipos informáticos.

En esta escala, la categoría A corresponderá a instalaciones con un PUE igual o inferior a 1,15, mientras que la G se asignará a aquellas con un valor superior a 1,9.

La segunda clasificación medirá la efectividad del uso del agua (WUE). En este caso, la categoría A se reservará para valores iguales o inferiores a 0,1, mientras que los centros con un indicador superior a 1 quedarán en la categoría G.

Bruselas advierte de que ambos indicadores deben interpretarse teniendo en cuenta las características de cada instalación, como su ubicación climática, tamaño, antigüedad y ni vel de ocupación. También señala que existe una relación entre el consumo energético y el hídrico: determinados sistemas de refrigeración pueden reducir el uso de electricidad a costa de incrementar el consumo de agua, y viceversa.

Según los cálculos de la Comisión, reducir el PUE medio de un centro de datos de 1,6 a 1,2 permitiría disminuir en un 25% su consumo eléctrico. En el caso del agua, reducir el WUE de 1 a 0,5 supondría recortar a la mitad el uso de este recurso.

De dónde procede la electricidad

La etiqueta no medirá únicamente cuánto consume cada centro. Bruselas quiere incorporar información sobre cómo se abastecen de energía y qué papel pueden desempeñar estas instalaciones dentro del sistema eléctrico.

El sistema tendrá en cuenta, entre otros factores, la generación renovable instalada en el propio centro, los contratos de compraventa de energía renovable —PPA— y las garantías de origen. También indicará si la instalación puede adaptar su demanda a las condiciones de la red y prestar servicios de flexibilidad.

La Comisión pretende así que la clasificación refleje no solo la eficiencia de los centros de datos, sino también su capacidad para integrarse en el sistema energético europeo.

Esta cuestión cobra especial importancia ante las previsiones de crecimiento del sector. Los centros de datos consumieron 68 teravatios-hora (TWh) de electricidad en la UE en 2024, según los datos manejados por Bruselas. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que esta demanda podría alcanzar los 114 TWh en 2030, lo que equivaldría al 3,2% del consumo eléctrico comunitario.

Al mismo tiempo, la UE pretende triplicar la capacidad europea de centros de datos durante los próximos cinco a siete años para reforzar su autonomía tecnológica. Esta expansión supondrá una mayor demanda de electricidad y agua y puede incrementar las necesidades de inversión en unas redes eléctricas que ya deben afrontar la electrificación y la integración de nuevas fuentes renovables.

El calor residual podrá mejorar la calificación

Otro de los elementos que recogerá la etiqueta será la capacidad de los centros para recuperar y reutilizar el calor residual generado durante su funcionamiento.

Las instalaciones podrán indicar si están preparadas para captar ese calor y suministrarlo a consumidores externos o a redes de calefacción. Según las estimaciones de la Comisión Europea, aprovechar alrededor del 50% del calor residual que generan actualmente los centros de datos europeos permitiría cubrir la demanda de calefacción de cerca de cuatro millones de hogares.

El sistema también permitirá comparar el uso de agua mediante indicadores de eficiencia hídrica. La clasificación se centrará en el consumo de agua dulce, por lo que un centro que utilice agua marina para sus sistemas de refrigeración podría registrar un consumo de agua dulce de cero. La Comisión señala, no obstante, que este tipo de refrigeración plantea mayores exigencias de mantenimiento.

España prepara requisitos más exigentes para los nuevos centros

La propuesta europea tiene además una conexión directa con la regulación que prepara España. A finales de agosto, el Gobierno sometió a información pública un proyecto de real decreto sobre sostenibilidad energética y medioambiental, resiliencia y soberanía digital de los centros de datos.

El texto plantea que los centros que se conecten a la red después de la entrada en vigor de la norma deberán alcanzar la clase A europea tanto en eficiencia energética como en eficiencia hídrica.

De aprobarse el proyecto en los términos planteados, los nuevos centros incluidos en su ámbito de aplicación tendrían que cumplir, por tanto, los niveles más exigentes de las dos escalas europeas.

De la etiqueta a unas futuras normas mínimas

La nueva clasificación constituye el segundo paso de la estrategia regulatoria de la Comisión Europea para el sector. El primero fue la creación, en 2024, de una base de datos europea y de un sistema obligatorio de comunicación de información sobre los centros de datos. El siguiente será el establecimiento de normas mínimas de rendimiento para las instalaciones nuevas o renovadas.

Estas futuras exigencias podrían establecer umbrales sobre eficiencia energética, consumo de agua, reutilización del calor residual y prestación de servicios de flexibilidad a la red. Bruselas pretende con ello retirar progresivamente las tecnologías y prácticas menos eficientes y evitar que los Estados miembros desarrollen requisitos divergentes.

La Comisión ha abierto una convocatoria de información y una consulta pública sobre estas futuras normas mínimas, que permanecerá abierta hasta el 14 de diciembre de 2026. La propuesta legislativa está prevista, de forma orientativa, para el segundo trimestre de 2027. La propuesta de clasificación deberá pasar ahora por un periodo de dos meses de revisión por parte del Parlamento Europeo y el Consejo. Ambas instituciones podrán presentar objeciones, pero no modificar el texto de la propuesta durante este procedimiento. Si supera este trámite, Bruselas prevé que las primeras etiquetas de sostenibilidad comiencen a utilizarse en 2027.