La UE multa a X, investiga a Google y enfurece a Trump y a Musk: algo estamos haciendo bien
Marian Álvarez
- diciembre 16, 2025
- 10 min read
La UE ha sido señalada por Donald Trump como una institución que rige un continente débil formado por países en decadencia que según él, pronto no se reconocerán a sí mismos debido a la migración masiva. Su amigo, el también histriónico multimillonario Elon Musk, días antes bramaba en su red X (entiguo Twitter) pidiendo la abolición de la Unión Europea. Todo porque la UE les toca donde más les duele; en las ganancias multimillonarias de las grandes tecnológicas, que se sienten limitadas por las leyes de privacidad, antimonopolio y antiabusos que les frenan las ansias vivas de ganar y les imponen importantes multas económicas.
Trump, su Gobierno, Musk y el resto de oligarcas tecnológicos se portan como matones de viejo oeste americano. Y todo porque Bruselas, y por lo tanto la ciudadanía europea, todavía se atreven a plantarles cara. Precisamente es España una de las 27 naciones la que más les está molestando y enfureciendo. Además de tener en frente al Gobierno español en su pretensión de imponer el aumento del gasto en defensa de un 5% para la OTAN, principalmente en empresas de armamento americanas, las recientes multas a las tecnológicas X y Meta, y la investigación recientemente anunciada contra Google, también por ejercer el matonismo contra los medios de comunicación y los creadores de contenido, salen precisamente del departamento de Competencia, del que es responsable la comisaria y vicepresidenta primera española Teresa Ribera.

La UE pone a Musk en su sitio
El pasado día 5 de diciembre la Comisión Europea anunció la imposición de la primera multa a la red social X de 120 millones de euros, en base a la Ley de Servicios Digitales (DSA) de los 27, por el uso y la implantación de la marca de verificación azul de la red, que inicialmente era gratuita y servía para confirmar identidades y cuentas oficiales en la red, pero que el multimillonario decidió convertir en una fuente de ingresos.
Musk es dueño de Twitter desde octubre de 2022, y solo un mes después, en noviembre, lanzó Twitter Blue, un servicio de suscripción que permitía a cualquiera obtener la insignia pagando, sin sin necesidad de verificar identidades de personas o instituciones. Desde abril de 2023, cuando la red ya se llamaba X, el check azul se concede a las llamadas cuentas Premium por el módico precio de 7 euros al mes.
Tras una investigación de dos años, Bruselas ha multado a la plataforma porque con la marca azul, que a muchos no les ha quedado más remedio que abonar y que otros han utilizado para adquirir relevancia y privilegios de visibilidad, en muchos casos inmerecida, existe el «riesgo de confundir a los usuarios sobre la veracidad de las identidades«de los perfiles.
Según las autoridades comunitarias, la verificación azul no supone en absoluto una señal de que tras la cuenta que la lleva haya un usuario real. la marca puede aparecer en cuentas del antiguo Twitter que sean simple bots, y la Ley Europea quiere frenar el uso de máquinas para desinformar, direccionar la opinión pública y polarizar y llenar la cabeza de los europeos de fake news. La sanción económica de 120 millones de euros, que para Elon Musk son como las monedas de las vueltas de la compra del pan (se le estima una fortuna de unos 490 mil millones de dólares) se ha impuesto una vez constatado por la autoridades comunitarias que la red X «no cumplía la obligación de transparencia de la publicidad» y que no quedaba claro en la plataforma qué era publicidad y qué contenido. Esta falta de definición puede ser «fundamentales para que los investigadores y la sociedad civil detecten estafas y otras amenazas», es decir, un caldo de cultivo de todo tipo de engaños, sobre todo financieros, para los usuarios de la plataforma.
Bruselas señaló también la dificultad de que usuarios y autoridades pueda acceder a un registro de anunciantes en el antiguo Twitter, y esto es muy peligrosos especialmente durante las campañas electorales, porque puede aparecer todo tipo de anuncios y eslóganes sin que quede claro el origen de los mismos. Además, la plataforma no ha conseguido explicar ante la UE el por qué algunas publicaciones publicitarias se dirigían a usuarios concretos. Para colmo, durante la investigación, X no facilitó a los funcionarios europeos datos que se le requirieron, como los de visitas y los «me gusta», información que deben entregar obligados precisamente por la DSA.
Tras esta primera multa, X se puede enfrentar al menos a otras dos, puesto que las autoridades comunitarias investigan todavía cómo trata la red social los contenidos ilegales, de qué manera pueden o no señalarlos los usuarios y si X realmente los elimina de su sitio una vez denunciados. También se está mirando con lupa su algoritmo de recomendación en campañas electorales y peligrosas tendencias de pensamiento radical que deriva en terrorismo.
De hecho, hay que recordar el informe de la Tech Transparency Project (TTP), (organización sin ánimo de lucro que analiza las actividades de las grandes empresas tecnológicas), publicado en febrero de 2024, que confirmaba cómo X había vendido verificaciones de cuenta a líderes de grupos terroristas como, por ejemplo, Hezbolá. Si se les cuelan grupos considerados enemigos acérrimos de EE UU, se les cuela todo tipo de organizaciones maliciosas para el conjunto de la sociedad y del planeta.
Los 120 millones, además de calderilla, suponen una pequeña sanción si se compara con otras ya impuestas desde Europa a grandes tecnológicas norteamericanas y chinas que copan nuestro mercado digital. Por ejemplo, Apple y Meta han asumido ya multas de 500 y 200 millones de euros respectivamente por incumplir la ley antimonopolio de la UE.
Tras el anuncio, X tiene 90 días de plazo para presentar un plan de acción que corrija las infracciones señaladas. Elon Musk tardó poco en verter toda su ira en la red al conocer la multa y apuntar que se opondrá a la sanción con todas sus posibilidades. Al día siguiente del anuncio publicó varios mensajes en los que acusaba a la Comisión Europea de «adorar al dios de la burocracia» y estar «asfixiando al pueblo de Europa hasta la muerte». No está demasiado acostumbrado a que nadie le plante cara, así que en otro mensaje se le notaba que estaba ebrio de ira cuando escribió «la UE debería ser abolida y la soberanía debería ser devuelta a los países individuales, para que los gobiernos puedan representar mejor a sus pueblos».
Para empezar, en apenas dos días la cuenta de la Comisión Europea en X quedó desactivada. Desde X argumentan que la Comisión ha investigado y multado a X para aumentar de forma fraudulenta su alcance en la plataforma
Su amigo número dos en la Casa Blanca, el vicepresidente JD Vance, también publicó un mensaje en la red que criticaba la multa antes incluso de que fuera anunciada. En él afirmaba que «la UE debería apoyar la libertad de expresión, no atacar a las empresas estadounidenses por basura».

Investigación a Google que abunda en la ‘herida’ trumpista
La misma semana del anuncio de la multa a X, Bruselas incidió en su política de aplicar la regulación sobre las nuevas tecnologías que tanto enfada al poder en EE:UU (el verdadero, el de los oligarcas digitales), al anunciar que abría una investigación sobre Google por mantener prácticas anticompetitivas con su IA.
La compañía matriz de Google, Alfhabet, puede estar infringiendo las normas de competencia de la UE al utilizar el contenido de editores web, así como el contenido subido a la plataforma de intercambio de vídeos YouTube, para entrenar su inteligencia artificial.
Tal y como lo comunicaba la misma Comisión Europea, «La investigación examinará, en particular, si Google distorsiona la competencia al imponer condiciones abusivas a editores y creadores de contenido, o al concederse acceso privilegiado a dicho contenido, lo que perjudica a los desarrolladores de modelos de IA rivales».
Google podría haber utilizado el contenido de los editores web (medios de comunicación, por ejemplo), para ofrecer servicios generativos basados en IA («Resumen de IA» y «Modo IA») en sus páginas de resultados de búsqueda sin una compensación adecuada a los editores y sin ofrecer la posibilidad de negarse a este uso de su contenido. Explica la UE que la AI Overviews «muestra resúmenes generados por IA que responden a la consulta de búsqueda de un usuario sobre los resultados orgánicos, mientras que AI Mode es una pestaña de búsqueda similar a un chatbot que responde a las consultas de los usuarios de forma conversacional».
Así, Bruselas va a poner el foco en si Google alimenta su herramienta de IA «por la cara», es decir, sin pagar un solo euro a editores web y ejerciendo de nuevo el estilo matón del Oeste americano, puesto que si dicen que no, lo mismo no aparecen ya en el todopoderoso buscador. Según la UE, Google puede estar beneficiándose de todo lo que publican medios de comunicación y otros sitios que dependen de la aparición en las búsquedas online «sin una compensación adecuada por ello y sin que estos puedan rechazarlo sin perder el acceso a la Búsqueda de Google«, de la que especifica cómo «muchos editores dependen de la Búsqueda de Google para el tráfico de usuarios y no quieren arriesgarse a perder el acceso a ella«.
El Ejecutivo comunitario explica además que en el caso de Youtube , la compañía americana los está utilizando para entrenar su modelos de IA también sin pagar por ello a los creadores, que tampoco pueden arriesgarse a negar la utilización de su contenido, porque entonces se quedan sin la posibilidad de poder subir su trabajo a YouTube. Además «al mismo tiempo, las políticas de YouTube prohíben a los desarrolladores rivales de modelos de IA utilizar el contenido de YouTube para entrenar sus propios modelos de IA».
De comprobarse tras la investigación, «las prácticas investigadas podrían infringir las normas de competencia de la UE que prohíben el abuso de posición dominante», cuya multa no será pequeña y, de nuevo, indignará sobremanera a Donald Trump, a su gobierno y a su otro «gobierno» en la sombra; el del poder económico de los oligarcas tecnológicos que no comprenden ni asumen que en Europa deben cumplir normas que regulan las nuevas tecnologías, al igual que se regulan otros sectores, como la industria agroalimentaria o las leyes laborales, para defender a los ciudadanos y ciudadanas.
Como se recordará, pocos días antes de anunciar la multa a X y la investigación a Google, la UE abrió otra investigación a Meta para confirmar si también aplica prácticas antimonopolio al implantar su modelo de IA en su app de mensajería WhastApp, y no permitir que otros proveedores de IA utilicen la App de la compañía de Zuckerberg.










